miércoles, 23 de enero de 2013

No adelantes acontecimientos y no te ilusiones en vano. No permitas que tus ganas por una cosa se vean reducidas por otra. Puedes sonreír antes de tiempo, pero no te extrañes si luego llegan las lágrimas. Cometemos el error de forzar las cosas y meterle prisa a la vida, para que todo llegue pronto, para tener lo que queremos aquí y ahora. Poco a poco te das cuenta de que los momentos fluyen solos, con su propia magia, y que no necesitan el ser creados por humanos como nosotros. ¿Alguien aplaude antes de que acabe una obra de teatro, o alguien libera la carcajada antes de terminar de escuchar el chiste? Bueno, pues tal vez, pero no está verdaderamente bien hecho. Puede ser que algo vaya bien, y es correcto disfrutarlo mientras tanto, pero no por ello hemos de olvidar que todo puede torcerse en cualquier instante, tanto para mal, como para bien en el caso viceversa. Es decir, ¿cuántas veces hemos llorado por algo que creíamos que terminaba para siempre y más tarde ha conseguido arreglarse? Luego es cuando decimos 'qué tonto fui, me adelanté al final y lloré sin saber lo bueno que me esperaba después de todo'. Pero si supiésemos todas esas cosas, no seríamos de este mundo. Sabemos que no podemos predecir con exactitud lo que pasará en un futuro, y por eso nos guiamos por lo que ocurre en el presente. Sí, eso está bien, centrarse en el presente, pero sin vivir con demasiados pájaros en la cabeza que nos hagan olvidar que las cosas pueden cambian de repente (a veces incluso sin un motivo claro) y que debemos ser fuertes ante ello y ante cualquier tipo de circunstancia.

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